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En los últimos decenios ha crecido notablemente el número de personas que se agrupan para formar
organizaciones, asociaciones, fundaciones e instituciones similares con el fin de prestar asistencia
en lo referente a la entrega de servicios sociales, promover el desarrollo económico de base, impedir
la contaminación ambiental, proteger los derechos civiles y perseguir otros objetivos que
normalmente solían abordar los gobiernos. Este ¿fenómeno¿ de la proliferación de organizaciones
en la sociedad civil encuentra su motivación en el surgimiento espontáneo de movimientos
populares, en las iniciativas de diversas instituciones públicas y privadas y, en ciertos casos, en
situaciones de crisis que exigen una respuesta apropiada. En la mayoría de los casos, uno de los
objetivos importantes que se persigue es el de la ¿autonomía asistida¿ o ¿participación en el
desarrollo¿ que subraya la necesidad de ¿habilitar a las personas a través del conocimiento¿ para
que puedan hacer frente a un medio ambiente en proceso de cambio y mejorar su propio bienestar.
Esto ha llevado a fortalecer la sociedad civil potenciando su capacidad de integrar a personas de las
comunidades locales en una variedad de organizaciones no gubernamentales y de organizaciones de
agricultores, que juegan un papel cada vez más importante en la producción de bienes públicos a
nivel nacional, regional y mundial. Un aspecto clave de este proceso consiste en el fortalecimiento
de las entidades de partes interesadas

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